sábado, 23 de agosto de 2014

¿Rememorar o Vivir? ¿Porqué no ambas?



Vaya que estoy viejo (bueno, no en vano así me llaman), tan solo el hecho de pensar en escribir una nota como esta me hace sentir que en cualquier momento puedo rememorar a Yordano y, más aún, cantar al son de madera fina sin perderme siquiera una tonada…

Sea como sea, tengo días pensando en ciertas cosas, cosas que ya no tenemos en el mundo de hoy en día, que si bien no extrañamos con fervor (seamos sinceros: las cosas se olvidan), cuando las recordamos nos traen a colación muchos recuerdos…

Vagando por las calles de Montevideo (ciudad en la cual es fácil y hasta agradable estar melancólico) vi una tienda oscura y francamente en decadencia, con los vidrios teñidos de negro, en una calle por la cual pasarán 12 personas durante todo el día y que se mantendrá allí por obstinación absurda de su dueño; aun cuando vi su nombre a lo lejos y fue solo durante unos segundos, se me quedó grabada una idea: en la tienda podías ver el nombre “Club de Video”…. Me quedé todo el día pensando en esas tres palabras, simplemente club de video: no tienen nada de especial, nada de particular, la gente no va pensando por la vida si un club de video define su vida o no, pero lo cierto es que para mí el club de video era una experiencia, podríamos decir, mística.. un ritual, algo que requería su tiempo para hacer, no una mera parada en la vía a la casa para comprar un disco, no un par de horas que te tomas en tu vida para ver una película; no, para mí el club de video (el extinto blockbuster) era algo que se planeaba, una emoción que sentía de pequeño al pensar desde la mañana: ¿qué película alquilaría, qué habría de nuevo, qué comería viendo aquella película (¿arepas, empanadas, dulce, frutas, maní, cotufas?), podría ver la película completa o me dormiría a la mitad?

Pero más allá de la emoción intrínseca que comportaba el acto físico de alquilar la película, y todo lo que conllevaba dicha acción, quiero transmitirles la idea de que hemos perdido eso, ese touch, ese feeling, ese “algo” que tenían nuestros años previos, nuestra juventud… tal vez porque a medida que crecemos nos volvemos más cínicos, tal vez solo sea que las cosas han cambiado y que ahora no podemos esperar tanto de un mundo que mucho tiene pero que poco da.
Tenía razón El Principito cuando dijo al guardavía: “Únicamente los niños saben lo que buscan”.


Estas palabras van dedicadas a la persona con la cual veía esas películas de niño.