martes, 21 de mayo de 2013

Hace 70 años y aún no aprendemos

 
 
El tercer planeta estaba habitado por un bebedor. 
Fue una visita muy corta, pues hundió al principito en una gran melancolía.

Qué haces ahí? -preguntó al bebedor que estaba sentado en silencio ante un 
sinnúmero de botellas vacías y otras tantas botellas llenas.

Bebo! -respondio el bebedor con tono lúgubre.
Por que bebes? -volvió a preguntar el principito.

Para olvidar.
Para olvidar que? -inquirió el principito ya compadecido.

Para olvidar que siento verguenza -confesó el bebedor bajando la cabeza.
Verguenza de qué? Se informó el principito deseoso de ayudarle.

Verguenza de beber! -concluyó el bebedor, 
que se encerró nueva y definitivamente en el silencio.

Y el principito, perplejo, se marchó.

"No hay la menor duda de que las personas mayores son muy extrañas", 
seguía deciéndose para sí el principito durante su viaje.

Este es el Capítulo XII de El Principito..

Lo transcribo para que entiendan, lectores nuestros (asiduos y no asiduos), que muchas veces le damos vueltas a problemas una y otra vez y jamás damos un paso atrás y buscamos la forma REAL de resolver estos problemas...