miércoles, 4 de julio de 2012

Éste es el verdadero cazador



Para no llamarle plagio, voy a denominar a esa nota: Tributo (sí, así suena mejor y hay menos posibilidades de ser demandado): una oda a un gran comediante de los años ’20 que con su humor hizo sonreír a más de uno… Obvio que no a nosotros (al menos no personalmente), pero eso es lo que decía google de él… Les doy para que lean este fragmento de uno de sus libros, y lo hago sólo porque me llamó la atención… dos cosas debo acotar al respecto:

1.          NO es mi caso
2.     Ruego disculpas a mr. Marx, no a la editorial… aunque creo que el mayor elogio que se le puede otorgar a un autor, es compartir su obra

Disfrútenla:

“En la penumbra puede observarse la presencia de un despojo de hombre, marchito y arrugado, que se balancea incesantemente sobre una caduca mecedora. Es el que fue nuestro trasnochado conquistador. De vez en cuando, da una chupada a su vieja pipa de espuma de mar. En la chimenea, las llamas se extinguen lentamente. Las pavesas que relucen en ella parecen simbolizar las pasiones que otrora dieron calor al corazón de nuestro Lotario. Una débil sonrisa ilumina su semblante, al pensar, una vez más, en sus numerosas conquistas; en las bellezas internacionales que capitularon ante su mirada fascinadora y su garbosa figura. En su memoria danzan las afortunadas que no supieron negarle sus favores. Las desgraciadas que le rechazaron, siguiendo los designios de un hado estúpido, que las privó de una felicidad que pudo ser suya, si hubieran tenido el valor suficiente para aceptar su reto de nadar juntos en el mar de las pasiones, danzan también en su recuerdo, pero lo hacen con menos alegría. La sonrisa se acentúa cuando piensa en los airados maridos y las ninfomaníacas, que tuvo que esquivar con mayor o menor fortuna. Nuestro héroe no tiene de qué arrepentirse. Pasó su vida bebiendo largamente en la fuente del amor, y tomó para sí, liberal e imparcialmente, los suculentos frutos que sólo esperaban a un hombre audaz, sin miedo a la vida e indiferente a los peligros que acechan desde unos brazos femeninos. De haberlo querido, pudo haber sido un magnate de los negocios, un jefe en el ejército, un Hamlet en el teatro y tantas otras cosas, pero desde su más tierna infancia quedó señalado por un destino erótico.

Sabía ya que la obra de su vida quedaría marcada por una incesante sucesión de tentadoras y artificiosas hembras. Acaso, también, pudo ser un gran cazador; pero no un vulgar cazador de osos y elefantes, y menos aún de leonas gestantes. El ideal del cazador que tiene todo el mundo, es una figura juvenil que nunca creció y jamás lo hará. Es un muchacho que nunca llegará a ser hombre. Penetra en la selva ataviado convencionalmente, con su carabina, su machete y su servidor negro de pelo ensortijado. Va dispuesto a matar a cualquier inocente animal indefenso, que, todo lo más, contará con unos colmillos y unas desafiladas garras. ¿Puede ser ésta la meta de un varón hecho y derecho? ¡Hombre, no! Como tampoco lo sería poseer a una mujer, sometiéndose para ello a los sagrados lazos del matrimonio. De todos es sabido que apenas existe una hembra capaz de resistir la mano que le ofrezca en matrimonio cualquier imbécil dispuesto a matarse trabajando para mantenerla. El hacer el amor a la mujer propia, es como cazar patos en el suelo. El “connoisseur” del sexo, el verdadero misógamo, se mofa de unos trillados senderos del amor. Desea lo que desea, pero de un modo fugaz. Para él, el anillo matrimonial es una pesada cadena. Es cierto que le atrae el palpitante cuerpo de la mujer, pero sin anillos de platino ni comprometedoras alianzas. Cuando ella se rinde, él sale corriendo a asediar otras fortalezas. Con las gracias naturales que le adornan, no tiene problemas. En sus manos, las mujeres son como cera derretida que se consume ante sus ojos. Las trata a todas según se merecen. Éste es el verdadero cazador.”

PD: El titulo de la obra es “Memorias de un amante sarnoso” de Groucho Marx