jueves, 3 de marzo de 2011

La Frutería de Chucho

Creo que fue el miércoles pasado que caminaba por la calle cuando me di cuenta que tenía hambre: llevaba un tiempo sin comer… Como quien no quiere la cosa me reviso los bolsillos: sabía que el resultado me deprimiría, en ellos había un clip, mi teléfono (que milagrosamente tenía renta) una moneda de 2.5 y mis llaves… No me avergüenza decirlo: soy un pelabola certificado y puedo dar clases de ello.

En fin, caminaba yo por esa calle que es burda de larga (tal vez demasiado), cuando me pega el hambre así como de huelguista pues, pero mal; recuerdo el contenido de mis bolsillos y maldigo pero agradezco mi pobreza, en eso volteó y veo una frutería: Sí, una frutería, de esas que hay en todo pueblito y que es atendida por un viejito llamado Chucho; aún moría del hambre y no visualizaba nada en el camino así que decidí entrar a probar suerte –quién quitaba y Chucho se apiadaba de mí y me regalaba una fruta- entro con cara de sobrado a la frutería (Consejo: si quieren comer nunca demuestren el hambre), paseo por el abasto a mis anchas, viendo cada fruta como si trabajara en el canal Gourmet (con desprecio de marica regañona), haciéndome el grande ante cualquier fruta que viese! Y me funcionó queridos y valientes lectores: Chucho me lanzó una rápida mirada, tan corta que no hubiese sido captada con ninguna cámara pero suficientemente clara para darme cuenta de que podía comer lo que quisiese y no tendría que pagarlo…  Penúltimo pasillo y observo una manzana allá por el fondo, creo que bailaba y todo –tal vez era mi mente que ya deliraba del hambre, tal vez no- no me detengo en el pasillo por más que quería, pero no lo hice! Tenía que permanecer incólume… increíblemente en el último pasillo tarde un par de semanas paseando, alivie el hambre con un durazno pero inmediatamente se me vino a la mente la imagen de la manzana –tan roja y tan danzarina ella: debía tenerla.
Al cabo de un tiempo salgo de ese pasillo, ya decidido a buscar mi manzana y cuando llego, cuál fue mi sorpresa? ya había otro idiota (deben disculpar mi vocabulario, pero quería mi manzana) saboreando su aroma y decidiendo si comprarla o no; imaginen la escena: yo estaba esperando por esa manzana, no era justo que viniese alguien más y me la arrebatara así sin más (mi ego no podía creerlo)…
Y así pasaron unas dos semanas, yo iba y venía de la frutería de Chucho (el cual se hizo mi amigo cercano) y todavía aquel hombre no había decidido si comprar o no la fruta, ya me encontraba yo molesto (quería mi manzana pues!)… Un jueves, si no me equivoco, entro a la frutería, como era costumbre, y veo la manzana sola --> No podía creerlo, la manzana estaba sola, es el momento de tomar la manzana y llevármela! Caminé hacia ella, resaltaba claramente entre el resto de las manzanas: era más brillante, hasta sonreía y todo (al menos eso creo porque seguía con hambre: me había declarado en huelga hasta poder comerme esa manzana) (hay más adjetivos que definían a la manzana pero estos deben buscarlos por twitter queridos lectores)… Vi la manzana y la tome entre mis manos, sin embargo no podía comérmela, hubo de pasar unas 5 semanas hasta que yo pudiese darle un mordisco –misteriosamente al hacerlo creo haber escuchado al fondo una canción de Roque Valero– en el momento en que tome un mordisco de ella creo que fui una de las personas más felices de esa frutería: las endorfinas y hormonas (quien sabe porque) se apoderaron de mí y me hicieron sonreír como un idiota por al menos 3 días continuos.
Sin embargo, no me comí la fruta del todo, cada día mordía sólo un poco, con el silencioso miedo de quién sabe que la fruta no duraría más de 3 meses (al mismo tiempo hablaba con Chucho a ver si tenía una forma de que la fruta durara más y probaba con la alquimia con el secreto deseo de que las artes oscuras hiciesen algo por ella).
Mi sentimiento hacia la fruta seguía en alza, temprano me despertaba y salía pensando en esta, conversaba mentalmente con ella, y cuando al fin del día la veía no hacía más que sonreír cual colegiala de 15 años y ocasionalmente darle un pequeño mordisco; a partir de aquí es donde el cuento es un poco confuso, tanto que ni yo sé claramente cómo explicarlo, así que haré mi mejor esfuerzo, ruego su perdón.
Aún cuando yo quería comerme toda la manzana, había una fuerza oculta que me lo impedía, creo que provenía de la fruta misma, pero a mí no me importaba: yo igual la quería seguir teniendo allí hasta que ella con la frugalidad de una mariposa me abandonara y siguiese su camino, tal vez no en forma de manzana ya, pero sí sabía que eventualmente ocurriría.
Me despierto como cualquier otro día pensando en mi manzana, y sin embargo había algo dándome vueltas en la cabeza, algo que no sabía de dónde provenía, pero que estoy seguro que venía del mismo lugar el cual me impedía comerme toda la manzana… el pensamiento me vino claramente a la mente: “si no puedes comerte la manzana, ve y toma una de las peras de Chucho y sacia tu sed!” Inmediatamente, y como buen 4to republicano que soy, me escandalice, no entendía cómo me pasaba por la mente eso… Pasaron los días y yo aún no comprendía esa idea que iba creciendo y tomando fuerza en mi mente… la misma idea con la cual supe que Chucho, como buen frutero, no se molestaría y que a fin de cuentas la manzana no podía molestarse por su naturaleza incomible…
Un día me desperté sabiendo que tenía esa clara opción en la mesa, que podía comerme la pera en la Frutería de Chucho y que nadie debía verme (pues el oprobio que causaría en la sociedad sería inmenso: imagínense a un hombre comiendo una fruta y teniendo otra en su hogar: qué bolas) y por otro lado sabía que tenía mi manzana en la nevera que milagrosamente no se había cansado que un idiota como yo se la comiese… Ese fue el día en que dije: escogí la manzana adecuada…
De esto ya hace varios días, la manzana sigue allí y yo sigo con el miedo de un día de estos despertar y que haya sido plagiada o que simplemente haya retomado su camino (nose como porque que yo sepa las manzanas no tienen pies) Aprendí que debo apartar estos miedos de mi cabeza y saborear cada bocado de la manzana.
En cuanto a la pera, allí sigue la opción de comérmela, sin embargo simplemente no me provoca hacerlo todo el tiempo (no les voy a decir que en ocasiones sí), y cuando sea así ya veremos qué sucede…